IVÁN FERNÁNDEZ DE LARA

IVÁN FERNÁNDEZ DE LARA

MI
HISTORIA

Tengo mucho que contarte y me gustaría iniciar diciendo que, en resumen, ayudo a empresarios, emprendedores y altos ejecutivos a aumentar sus ventas e ingresos mediante la Metodología de Ventas Consultivas. A través de este método, los ayudo a atraer prospectos calificados para convertirlos en clientes, de una manera sencilla.

Durante más de 20 años he formado a más de 1,500 ejecutivos y emprendedores de diversos países, que han querido llegar a un nivel superior como vendedores profesionales en un tiempo máximo de 6 meses.

¿CÓMO LLEGUÉ
HASTA AQUÍ?

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COMENCEMOS POR EL PRINCIPIO

Te cuento mi historia así como las altas y bajas que tuve que enfrentar, es bien sabido que el camino nunca es fácil.

Durante muchos años fui vendedor de soluciones tecnológicas, publicidad, servicios, principalmente intangibles y pasé por todos los cargos que te puedas imaginar, desde asistente de ventas hasta director general y me di cuenta de que, tengas el cargo que tengas, siempre la pregunta y el reto son:

¿CÓMO PUEDO VENDER MÁS?

Estaba yo en ese punto donde sabes que vas adquiriendo mayor experiencia y acumulando logros, sin embargo, el objetivo cada vez es mayor y quieres llegar más lejos.

Todas las empresas, de cualquier giro y tamaño, al final lo que desean es vender más y mejor. Los negocios requieren de ventas para mantenerse vivos y esta constante me hizo abrir los ojos, sólo así me di cuenta de que vender era algo que hacía muy bien y que además disfrutaba de ello. Por ello es qué decidí emprender y lanzar mi propio negocio, pues no quería depender de nadie y sabía que podía generar mis propios ingresos. La idea de iniciar algo por mí mismo me emocionaba y me hacía sentir esa adrenalina que te hace moverte, ya había sido vendedor, jefe de ventas, gerente comercial, director general, ya tenía un camino recorrido, sin embargo, empecé a pensar en un reto mayor.

¿QUÉ QUERÍA HACER EN LA VIDA?

La respuesta es simple: emprender y ayudar a los demás. Esta vez estaba decidido a recorrer el camino solo o más bien, a iniciarlo solo, porque más adelante me apoyé en gente valiosa y por supuesto, fui generando lazos profesionales y de amistad con un gran número de clientes.

Fue en ese momento que decidí que quería ser libre e independiente y no tener jefes, recordé que en alguna ocasión en una prestigiada empresa de tecnología para la cual trabajé me asignó vender $3M USD semestrales y esto me demandó una labor titánica, era muy complicada, pero cumplía con la cuota. En aquel momento pensé: “si puedo vender 3 millones de dólares para otro, bien los puedo vender para mí”.

Y ahí comenzó todo…

LA ILUSIÓN DEL INICIO

Una vez tomada la decisión, abrí una empresa de consultoría en ventas, me lancé con todo el entusiasmo e invertí recursos y tiempo. Estaba decidido y todos mis pensamientos y acciones de cada día se enfocaban en este nuevo emprendimiento. No hablaba de otra cosa con amigos, conocidos y colegas. Antes de dormir, pensaba en mi proyecto y aún dormido, confieso que soñaba con este tema.
Emprender es rendirte al 100 por ciento a tu nuevo negocio: sabes que tu futuro depende del éxito de éste y no sólo eso, toda la emoción e ilusión del momento se centra en tu deseo de éxito, en ver consumados todos tus esfuerzos.
un-cambio-de-vida

UN CAMBIO DE VIDA

Debo admitir que en ese momento me lancé con gran ímpetu, aunque sin considerar posibles consecuencias, casi al inicio me topé con una devaluación que terminó con todos mis ahorros. Todo parecía venirse abajo y después de sentirme más vivo que nunca y con todo el ánimo, de pronto estaba triste y deprimido pues las cosas no estaban funcionando como yo esperaba y veía complicarse mis planes.

Contra todo lo que yo deseaba (ser emprendedor) tuve que comenzar nuevamente a buscar empleo. En ese momento no había esa “chispa” o “magia” en mí, es decir, mi cabeza estaba en otro lado, con devaluación o no, yo quería emprender y hacer algo nuevo en mi vida así que estar buscando trabajar para alguien más, definitivamente no era mi plan. Sabía que si no perseguía mis sueños iba a terminar persiguiendo aquellos de quien fuera mi empleador.

En aquel momento ofrecía todo tipo de soluciones comerciales a mis prospectos, pero estos claramente buscaban otra cosa. Era como si el universo estuviera “conspirando” en mi contra, o es así como yo lo percibía, y llegó el momento en el que me di cuenta de que mi proyecto y su oferta habían sido diseñada sobre supuestos e ideas mías que nunca validé y la verdad, es que en ese momento a nadie le interesaban ni necesitaban mis servicios de consultoría.

TIEMPOS DE CONFUSIÓN

Tiempos de confusión No quería sentirme derrotado y ya comenzaba a rendirme, estaba confundido y lleno de dudas. Llegué a cuestionar mis capacidades, mi experiencia y si yo realmente era apto para emprender este proyecto que tanto me apasionaba.

Esa época de dudas y de vivir el día a día con estos pensamientos fatalistas dando vueltas en mi cabeza no eran a lo que yo estaba acostumbrado. Siempre busco el lado positivo de las cosas; siempre veo el vaso medio lleno o, ¡más que lleno! Confío en que todos podemos generar abundancia y construirnos un futuro prometedor si no nos dejamos vencer, así que no me reconocía a mí mismo, tenía que salir de ese mal momento. Ese período fue una prueba personal y profesional que me marcó para siempre. Hoy, honestamente la agradezco.

LA LUZ AL FINAL DEL TÚNEL Y LA MANO EXPERTA QUE ME IMPULSÓ

Todos tenemos un mentor, sin importar a lo que te dediques. A veces somos conscientes de ello y a veces, sólo los años nos hacen darnos cuenta cuántas buenas personas se han cruzado en nuestro camino. En mi caso fue mi tío Roger, una figura determinante en mi vida.

Roger Martínez Peniche fue un gran empresario, ejecutivo y maestro que tuvo gran experiencia en los negocios, hizo una gran fortuna, su carácter y personalidad siempre me resultaron fascinantes. Mi tío tenía una visión muy clara: siempre decía las palabras correctas a los demás y sabía “leer” muy bien a la gente; no se le escapaba nada, era un viejo experto.

Mi tío Roger me ayudó a darme cuenta de que yo ya tenía todo lo necesario para lograr ese éxito que tanto estaba buscando, me ayudó a redescubrir mis capacidades y competencias, su experiencia hizo gala de aparición.

Recuerdo un día en una de esas sesiones de trabajo, se detuvo, se quitó los lentes y me preguntó:

  • A ver, piensa muy bien ¿qué es lo que consideras que sabes hacer mejor?”

Yo le respondí que, sin duda, lo que sabía hacer mejor era vender.

  • Y, ¿ya consideraste enseñarle a vender a la gente?

Esta pregunta me quedó dando vueltas en la cabeza por todo el día.

Eso era lo que justamente yo podría hacer y muy bien. No sólo porque lo he hecho en diferentes empresas y con muy diversos clientes sino porque, además, ¡me encanta!

Entonces recordé cómo entrenaba a mis equipos, la forma en que mis mentores me enseñaron paso a paso, la gente que admiraba en cada uno de los trabajos que tuve, es decir, todo lo que me apasiona de las ventas. Y así es como la depresión y las dudas se fueron escapando de mi mente, esos “fantasmas” desaparecieron y comenzaron las ideas, las libretas llenas de notas, el brainstorming con amigos y me sentí vivo nuevamente, con energía y sólo pensaba: haré un negocio que me apasiona y, como mi tío Roger lo sugirió, esta vez lo haré paso a paso y muy consciente de lo que estoy haciendo.

A partir de ahí todo comenzó a fluir mejor, fue como si se desatara un gran nudo. De pronto, fue naciendo la idea de un curso que permitiera a las personas vender como debe ser, es decir, con confianza, certeza y constancia, así como poder ver a las ventas como a un deporte: para ser bueno hay que practicar, hay que competir, hay que entrenar, hay que tener disciplina, hay que romper los propios miedos y trabajar con estrategia y pasión.

PARA VENDER, HAY QUE LEVANTARSE DE CADA CAÍDA E IR POR LA MEDALLA DE ORO

Hoy pienso que lo mejor que hice fue escuchar al mi tío Roger y dejarme asesorar. Ahí es cuando comencé a fijarme objetivos claros y contraté especialistas para formar un buen equipo. También busqué diversos cursos, seminarios, técnicas nuevas de enseñanza, formas divertidas de transmitir conocimientos. Este era el momento de dar lo mejor de mí para lograr ese sueño.

Gracias a todo este esfuerzo es que desarrollé la Metodología de Ventas Consultivas que me ha dado tantas satisfacciones.

Desde 2003 he capacitado a profesionales en ventas y todos estos años me he llenado de satisfacciones con cada grupo, cada alumno, cada empresa que veo lograr resultados.

Hace más de dos años nos enfrentamos a lo inevitable e impredecible. La pandemia frenó mis cursos presenciales y nuevamente hubo que buscar el camino. Esta situación al final trajo algo bueno, fue el trampolín para lanzar el curso en línea que tanto deseaba realizar.

Una vez más comprendí que este tipo de retos que están totalmente fuera de nuestras manos, muchas veces nos ayudan a dar lo mejor de nosotros mismos e incluso a acelerar planes que estaban ya sobre la mesa. El curso en línea comenzó a ser una realidad en plena pandemia y esto me hizo sentir muy feliz y satisfecho: sabía que podía llegar a más personas interesadas en vender y sabía que esto sería una oportunidad para mí y para quienes toman mis cursos. Simplemente estaba listo para dar un paso más y esto me llenaba de energía en un momento histórico donde todos necesitamos tener ese empuje para salir adelante.

EL MÁS GRANDE DESEO: REALIZAR EL MEJOR CURSO DE VENTAS

El curso presencial se convirtió en un curso a distancia y comencé a impartirlo por Zoom. Aunque esto me trajo buenos ingresos, no estaba siendo tan efectivo como yo lo esperaba. Al curso le faltaba un “ingrediente” que lo hiciera más atractivo. Estaba dispuesto a crear el mejor curso de ventas del mercado.

Contraté a una especialista en capacitación en línea quien me ayudó a poner en orden la información sobre mi experiencia como vendedor, publicista y empresario. La idea era poner toda la información de mi vida de aprendizajes, complicaciones y éxitos, de una manera objetiva y fácil de entender para todos. 

EMPEZAR DE CERO

Y sí, contra todo lo que yo pensaba, ¡tuve que empezar de nuevo! 

Comprendí bien por qué es tan diferente un curso presencial y uno en línea. No sólo el desarrollo sino aprender a venderlo y “moverlo” en las redes; generar comunidad y conversación en torno a él, es decir, hacer publicidad efectiva. Había que vender este nuevo producto y a la gente correcta.

Comencé a crear contenidos, guiones, videos, a hacer grabaciones. Todo de la manera más profesional y creativa. Decidí hacer las cosas bien desde el inicio para hacer de este curso algo más robusto, atractivo, original y actual.

EL RESULTADO

La emoción volvió y, ¡de qué manera! Haberme actualizado trajo consigo nuevas ideas, técnicas, nuevas competencias para mí como docente y consultor.

Pude desarrollar un curso en línea que permite al participante conocer un método de venta realmente efectivo y fácil de implementar en su negocio o trabajo. Este curso les permite vender lo que quieran, así de simple. Mi plataforma educativa contiene los recursos para que el participante tenga un entrenamiento integral:
  • Curso en línea
  • Pasarela de pago automatizada
  • Soporte y asesoría
  • Biblioteca de recursos comerciales
  • Base de conocimientos
  • Clínicas de ventas
  • Presencia en RRS
  • Grupos privados de estudio

LA TRANSFORMACIÓN:
EL TRABAJO DE MIS SUEÑOS

Hoy puedo decir que todo este camino me ha permitido llegar hasta donde estoy y disfruto de lo que hago enormemente. He podido generar un esquema de negocio robusto y enfocado en hacer que la gente conozca las diversas formas de generar ventas.

Es así como ayudo a emprendedores, empresarios y a organizaciones a crecer en sus ventas, con diversas formas de trabajo:

  • Capacitación
  • Consultoría
  • Coaching
  • Proyectos especiales, diseñados exclusivamente para cada cliente

Creo firmemente en que ayudar a los demás es ayudarte a ti mismo. Que, al enseñar, realmente aprendes dos veces y que el mejor pago de tus clientes es verlos alcanzar sus metas.

Estoy plenamente convencido de que, al ayudar a alguien a alcanzar sus sueños, logras alcanzar los tuyos. Y yo siento que los he alcanzado y cada día sigo persiguiendo mis sueños.

Para finalizar quiero decirte que esta no es una historia romántica, ni matizada, sino una historia común y corriente de alguien que buscó y encontró, así pues, mi intención es la misma, lograr que encuentres la manera de impulsar tu negocio vendiendo bien, pero bien chingón.

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¿CÓMO LLEGUÉ
HASTA AQUÍ?

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COMENCEMOS POR EL PRINCIPIO

Te cuento mi historia así como las altas y bajas que tuve que enfrentar, es bien sabido que el camino nunca es fácil.

Durante muchos años fui vendedor de soluciones tecnológicas, publicidad, servicios, principalmente intangibles y pasé por todos los cargos que te puedas imaginar, desde asistente de ventas hasta director general y me di cuenta de que, tengas el cargo que tengas, siempre la pregunta y el reto son:

¿CÓMO PUEDO VENDER MÁS?

Estaba yo en ese punto donde sabes que vas adquiriendo mayor experiencia y acumulando logros, sin embargo, el objetivo cada vez es mayor y quieres llegar más lejos.

Todas las empresas, de cualquier giro y tamaño, al final lo que desean es vender más y mejor. Los negocios requieren de ventas para mantenerse vivos y esta constante me hizo abrir los ojos, sólo así me di cuenta de que vender era algo que hacía muy bien y que además disfrutaba de ello. Por ello es qué decidí emprender y lanzar mi propio negocio, pues no quería depender de nadie y sabía que podía generar mis propios ingresos. La idea de iniciar algo por mí mismo me emocionaba y me hacía sentir esa adrenalina que te hace moverte, ya había sido vendedor, jefe de ventas, gerente comercial, director general, ya tenía un camino recorrido, sin embargo, empecé a pensar en un reto mayor.

¿QUÉ QUERÍA HACER EN LA VIDA?

La respuesta es simple: emprender y ayudar a los demás. Esta vez estaba decidido a recorrer el camino solo o más bien, a iniciarlo solo, porque más adelante me apoyé en gente valiosa y por supuesto, fui generando lazos profesionales y de amistad con un gran número de clientes.

Fue en ese momento que decidí que quería ser libre e independiente y no tener jefes, recordé que en alguna ocasión en una prestigiada empresa de tecnología para la cual trabajé me asignó vender $3M USD semestrales y esto me demandó una labor titánica, era muy complicada, pero cumplía con la cuota. En aquel momento pensé: “si puedo vender 3 millones de dólares para otro, bien los puedo vender para mí”.

Y ahí comenzó todo…

LA ILUSIÓN DEL INICIO

Una vez tomada la decisión, abrí una empresa de consultoría en ventas, me lancé con todo el entusiasmo e invertí recursos y tiempo. Estaba decidido y todos mis pensamientos y acciones de cada día se enfocaban en este nuevo emprendimiento. No hablaba de otra cosa con amigos, conocidos y colegas. Antes de dormir, pensaba en mi proyecto y aún dormido, confieso que soñaba con este tema.
Emprender es rendirte al 100 por ciento a tu nuevo negocio: sabes que tu futuro depende del éxito de éste y no sólo eso, toda la emoción e ilusión del momento se centra en tu deseo de éxito, en ver consumados todos tus esfuerzos.
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UN CAMBIO DE VIDA

Debo admitir que en ese momento me lancé con gran ímpetu, aunque sin considerar posibles consecuencias, casi al inicio me topé con una devaluación que terminó con todos mis ahorros. Todo parecía venirse abajo y después de sentirme más vivo que nunca y con todo el ánimo, de pronto estaba triste y deprimido pues las cosas no estaban funcionando como yo esperaba y veía complicarse mis planes.

Contra todo lo que yo deseaba (ser emprendedor) tuve que comenzar nuevamente a buscar empleo. En ese momento no había esa “chispa” o “magia” en mí, es decir, mi cabeza estaba en otro lado, con devaluación o no, yo quería emprender y hacer algo nuevo en mi vida así que estar buscando trabajar para alguien más, definitivamente no era mi plan. Sabía que si no perseguía mis sueños iba a terminar persiguiendo aquellos de quien fuera mi empleador.

En aquel momento ofrecía todo tipo de soluciones comerciales a mis prospectos, pero estos claramente buscaban otra cosa. Era como si el universo estuviera “conspirando” en mi contra, o es así como yo lo percibía, y llegó el momento en el que me di cuenta de que mi proyecto y su oferta habían sido diseñada sobre supuestos e ideas mías que nunca validé y la verdad, es que en ese momento a nadie le interesaban ni necesitaban mis servicios de consultoría.

TIEMPOS DE CONFUSIÓN

Tiempos de confusión No quería sentirme derrotado y ya comenzaba a rendirme, estaba confundido y lleno de dudas. Llegué a cuestionar mis capacidades, mi experiencia y si yo realmente era apto para emprender este proyecto que tanto me apasionaba.

Esa época de dudas y de vivir el día a día con estos pensamientos fatalistas dando vueltas en mi cabeza no eran a lo que yo estaba acostumbrado. Siempre busco el lado positivo de las cosas; siempre veo el vaso medio lleno o, ¡más que lleno! Confío en que todos podemos generar abundancia y construirnos un futuro prometedor si no nos dejamos vencer, así que no me reconocía a mí mismo, tenía que salir de ese mal momento. Ese período fue una prueba personal y profesional que me marcó para siempre. Hoy, honestamente la agradezco.

LA LUZ AL FINAL DEL TÚNEL Y LA MANO EXPERTA QUE ME IMPULSÓ

Todos tenemos un mentor, sin importar a lo que te dediques. A veces somos conscientes de ello y a veces, sólo los años nos hacen darnos cuenta cuántas buenas personas se han cruzado en nuestro camino. En mi caso fue mi tío Roger, una figura determinante en mi vida.

Roger Martínez Peniche fue un gran empresario, ejecutivo y maestro que tuvo gran experiencia en los negocios, hizo una gran fortuna, su carácter y personalidad siempre me resultaron fascinantes. Mi tío tenía una visión muy clara: siempre decía las palabras correctas a los demás y sabía “leer” muy bien a la gente; no se le escapaba nada, era un viejo experto.

Mi tío Roger me ayudó a darme cuenta de que yo ya tenía todo lo necesario para lograr ese éxito que tanto estaba buscando, me ayudó a redescubrir mis capacidades y competencias, su experiencia hizo gala de aparición.

Recuerdo un día en una de esas sesiones de trabajo, se detuvo, se quitó los lentes y me preguntó:

  • A ver, piensa muy bien ¿qué es lo que consideras que sabes hacer mejor?”

Yo le respondí que, sin duda, lo que sabía hacer mejor era vender.

  • Y, ¿ya consideraste enseñarle a vender a la gente?

Esta pregunta me quedó dando vueltas en la cabeza por todo el día.

Eso era lo que justamente yo podría hacer y muy bien. No sólo porque lo he hecho en diferentes empresas y con muy diversos clientes sino porque, además, ¡me encanta!

Entonces recordé cómo entrenaba a mis equipos, la forma en que mis mentores me enseñaron paso a paso, la gente que admiraba en cada uno de los trabajos que tuve, es decir, todo lo que me apasiona de las ventas. Y así es como la depresión y las dudas se fueron escapando de mi mente, esos “fantasmas” desaparecieron y comenzaron las ideas, las libretas llenas de notas, el brainstorming con amigos y me sentí vivo nuevamente, con energía y sólo pensaba: haré un negocio que me apasiona y, como mi tío Roger lo sugirió, esta vez lo haré paso a paso y muy consciente de lo que estoy haciendo.

A partir de ahí todo comenzó a fluir mejor, fue como si se desatara un gran nudo. De pronto, fue naciendo la idea de un curso que permitiera a las personas vender como debe ser, es decir, con confianza, certeza y constancia, así como poder ver a las ventas como a un deporte: para ser bueno hay que practicar, hay que competir, hay que entrenar, hay que tener disciplina, hay que romper los propios miedos y trabajar con estrategia y pasión.

PARA VENDER, HAY QUE LEVANTARSE DE CADA CAÍDA E IR POR LA MEDALLA DE ORO

Hoy pienso que lo mejor que hice fue escuchar al mi tío Roger y dejarme asesorar. Ahí es cuando comencé a fijarme objetivos claros y contraté especialistas para formar un buen equipo. También busqué diversos cursos, seminarios, técnicas nuevas de enseñanza, formas divertidas de transmitir conocimientos. Este era el momento de dar lo mejor de mí para lograr ese sueño.

Gracias a todo este esfuerzo es que desarrollé la Metodología de Ventas Consultivas que me ha dado tantas satisfacciones.

Desde 2003 he capacitado a profesionales en ventas y todos estos años me he llenado de satisfacciones con cada grupo, cada alumno, cada empresa que veo lograr resultados.

Hace más de dos años nos enfrentamos a lo inevitable e impredecible. La pandemia frenó mis cursos presenciales y nuevamente hubo que buscar el camino. Esta situación al final trajo algo bueno, fue el trampolín para lanzar el curso en línea que tanto deseaba realizar.

Una vez más comprendí que este tipo de retos que están totalmente fuera de nuestras manos, muchas veces nos ayudan a dar lo mejor de nosotros mismos e incluso a acelerar planes que estaban ya sobre la mesa. El curso en línea comenzó a ser una realidad en plena pandemia y esto me hizo sentir muy feliz y satisfecho: sabía que podía llegar a más personas interesadas en vender y sabía que esto sería una oportunidad para mí y para quienes toman mis cursos. Simplemente estaba listo para dar un paso más y esto me llenaba de energía en un momento histórico donde todos necesitamos tener ese empuje para salir adelante.

EL MÁS GRANDE DESEO: REALIZAR EL MEJOR CURSO DE VENTAS

El curso presencial se convirtió en un curso a distancia y comencé a impartirlo por Zoom. Aunque esto me trajo buenos ingresos, no estaba siendo tan efectivo como yo lo esperaba. Al curso le faltaba un “ingrediente” que lo hiciera más atractivo. Estaba dispuesto a crear el mejor curso de ventas del mercado.

Contraté a una especialista en capacitación en línea quien me ayudó a poner en orden la información sobre mi experiencia como vendedor, publicista y empresario. La idea era poner toda la información de mi vida de aprendizajes, complicaciones y éxitos, de una manera objetiva y fácil de entender para todos. 

EMPEZAR DE CERO

Y sí, contra todo lo que yo pensaba, ¡tuve que empezar de nuevo! 

Comprendí bien por qué es tan diferente un curso presencial y uno en línea. No sólo el desarrollo sino aprender a venderlo y “moverlo” en las redes; generar comunidad y conversación en torno a él, es decir, hacer publicidad efectiva. Había que vender este nuevo producto y a la gente correcta.

Comencé a crear contenidos, guiones, videos, a hacer grabaciones. Todo de la manera más profesional y creativa. Decidí hacer las cosas bien desde el inicio para hacer de este curso algo más robusto, atractivo, original y actual.

EL RESULTADO

La emoción volvió y, ¡de qué manera! Haberme actualizado trajo consigo nuevas ideas, técnicas, nuevas competencias para mí como docente y consultor.

Pude desarrollar un curso en línea que permite al participante conocer un método de venta realmente efectivo y fácil de implementar en su negocio o trabajo. Este curso les permite vender lo que quieran, así de simple. Mi plataforma educativa contiene los recursos para que el participante tenga un entrenamiento integral:
  • Curso en línea
  • Pasarela de pago automatizada
  • Soporte y asesoría
  • Biblioteca de recursos comerciales
  • Base de conocimientos
  • Clínicas de ventas
  • Presencia en RRS
  • Grupos privados de estudio

LA TRANSFORMACIÓN:
EL TRABAJO DE MIS SUEÑOS

Hoy puedo decir que todo este camino me ha permitido llegar hasta donde estoy y disfruto de lo que hago enormemente. He podido generar un esquema de negocio robusto y enfocado en hacer que la gente conozca las diversas formas de generar ventas.

Es así como ayudo a emprendedores, empresarios y a organizaciones a crecer en sus ventas, con diversas formas de trabajo:

  • Capacitación
  • Consultoría
  • Coaching
  • Proyectos especiales, diseñados exclusivamente para cada cliente

Creo firmemente en que ayudar a los demás es ayudarte a ti mismo. Que, al enseñar, realmente aprendes dos veces y que el mejor pago de tus clientes es verlos alcanzar sus metas.

Estoy plenamente convencido de que, al ayudar a alguien a alcanzar sus sueños, logras alcanzar los tuyos. Y yo siento que los he alcanzado y cada día sigo persiguiendo mis sueños.

Para finalizar quiero decirte que esta no es una historia romántica, ni matizada, sino una historia común y corriente de alguien que buscó y encontró, así pues, mi intención es la misma, lograr que encuentres la manera de impulsar tu negocio vendiendo bien, pero bien chingón.

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